jueves, 20 de septiembre de 2018

Iván Gonzalo Rodríguez nos habla de "Ángulos"


CONSUELO DE LA TORRE: ÁNGULOS


Una reseña de 'Ángulos' (Editorial Nazarí, 2017), ópera prima de Consuelo de la Torre.

escrito por Iván Gonzálo Rodríguez 20 septiembre, 2018




Helena Blavatsky consideraba la geometría como la quinta llave que permitía interpretar la vida. Así mismo, y considerando las matemáticas como la séptima de ellas, resulta inevitable considerar la relación que establece Borges entre la creación y las matemáticas:
Yo pienso que convertir los sentimientos en matemáticas es realmente algo muy complicado y muy hermoso. […] la tarea del arte es ésa […] transformar todo eso en símbolos […] en algo que pueda perdurar en la memoria de los hombres.
Heredera de esta concepción del arte, Consuelo de la Torre hace su incursión en la literatura con su ópera prima Ángulos (Editorial Nazarí, 2017). No se puede comprender la intencionalidad de este poemario sin antes asumir el estrecho vínculo de la autora con las matemáticas, disciplina a la que ha dedicado su vida por la influencia de las enseñanzas de Anastasio Fernández Rivas.
Este poemario se nos presenta dividido en tres secciones, con la geometría como telón de fondo en la mayoría de las composiciones: en Interiores, Consuelo adopta un tono personalista, introspectivo. Todos los poemas se nos presentan como un retrato interior de la autora sobre su propia memoria. Paradójicamente, los elementos matemáticos y geométricos que emplea recurrentemente se presentan como una suerte de adorno explicativo que, si bien resalta la voz personal de Consuelo, no insufla de verdad la retórica ni los recursos estilísticos que tan sobriamente maneja. Uno de los mayores logros compositivos de esta primera parte llega en el poema Llueve: «La lluvia quiere borrar la casa donde me hice niña, / el vértigo de la escalera, / el suelo gastado, la parra/ Me veo contando mis recuerdos a mis hijos». El recuerdo de la infancia aquí objetivado simbólicamente en la casa, es tan intenso como cercano. La presencia de métrica clásica y una versificación regular recupera esa musicalidad de la que hablaba Borges al inicio de este artículo. La sensación de soledad e incomprensión se transmite a raíz del recurso de sus hijos, la descendencia en los últimos versos del poema: «Los fantasmas vienen a saludarme […] Ellos saben la respuesta/ y se agarran a la grieta de las paredes, / paredes que el agua va desdibujando/ sin importarle los ojos de asombro de mis hijos/ no entienden casi nada». Esta inquietud se recoge también en la atmósfera del poema Vuelve a temblar. Partiendo de la cotidianidad que tan estrechamente puede remitirnos a los poemas más oscuros —y menos valorados, me permito añadir— de Gloria Fuertes:

Me he arreglado el pelo, las cejas, las uñas;
Me he maquillado
Y ensayado una sonrisa ante el espejo,
Esa que esperan las vecinas.
Hemos celebrado Año Nuevo y algún cumpleaños,
Hay que terminar de consumir las velas
[…]
Hemos cambiado el cristal de la mesa del salón,
Planchando las esquinas
Y pintando las paredes.
Dicen que es una pintura nueva
Y no dejará que vuelvan a salir las sombras.
Los cimientos no los hemos cambiado,
Y una llamada del teléfono a destiempo
Los ha hecho temblar.

En estos registros, es donde Consuelo de la Torre se muestra así misma y entiende al mundo. Existen también elementos meta-literarios y recursos que relacionan otros de los temas recurrentes del libro, que es la literatura. Si bien el uso de estos elementos se suma a la misma suerte que los matemáticos y geométricos, aproximan al lector a la autora y consigue soslayar el distanciamiento de los poemas más personalistas.
En Exteriores la concepción del entorno en Consuelo hace que expanda su campo de percepción y los temas y lugares que en ellos se tratan orbitan entre la memoria y la experiencia. De nuevo la evocación del lugar personalizada en la infancia y en el recuerdo paterno en el poema Mi pueblo: «El campo, / esa manta blanca/ que dio trabajo al pueblo/ se ha vuelto edredones europeos/ algo de verde queda en mi retina: / olivas, trigo, cebada. / Nada fue mío, / sólo un árbol de cemento/ que plantó mi padre. La reivindicación de la mujer también aparece como línea temática en esta segunda parte; en poemas como La mujer esfera, La mujer poliedro La mujer pirámide que, aunque independientes, bien podrían estar publicados por partes de un mismo concepto. El último de los bloques, Edición bilingüe, aparece la última serie de poemas junto a una traducción más que oportuna al árabe —inevitable considerar la persistencia en continuar la concordancia simbólica entre poesía y matemáticas— de la mano de Samir Moudi, traductor y profesor de Marrakech, Marruecos. En este último bloque se conjugan las temáticas que han ido progresivamente apareciendo de manera gradual y se reúnen a modo de corolario temático cerrando la unidad compositiva. La última de las temáticas en incorporarse con cierto interés se da en el poema El globo terráqueo, que conjuga el elemento de enseñanza de Consuelo en sus años como profesora, así como un subtexto de poesía social influida, como vemos en los versos que preceden al poema, por Wislawa Szymborska:

Miro la esfera que estudié de pequeña
Ha cambiado la extensión de los polos,
También las fronteras, y hay menos árboles
Y más tumbas.
[…]
La esfera de los congresos
Es más moderna y tan nítida
Que hasta se puede leer el precio
                                       Del centímetro cúbico de lluvia.
Miro la esfera en la que estudié de pequeña.
Sólo sigue en su sitio el ecuador.

Si después de la tocata hay una fuga incluso para Bach, Consuelo cierra este último bloque y el poemario con lo que cinematográficamente llamaríamos un fundido a negro. El poema Límite, recoge esta marcha con unos versos que asumen las noticias ya sabidas, que escribiera Antonio Gamoneda, pero en este caso, de la mano del amor:

Ha llegado el tiempo del recuerdo y del olvido
En el que las arrugas se filtran por las rendijas
Hemos sumado brindis, restado urgencias,
Nos hemos quedado huérfanos
[…]
Fuimos cambiando despacio,
En silencio, hacia el conocimiento.
Algunos días el dolor nos mató un poco,
[…]
Ahora cogemos el último tren.
Hace frío, el infinito se acerca,
Juntos vamos a su encuentro.

En definitiva, y como la mayoría de las obras de iniciación, Consuelo de la Torre clava su bandera en la colina de Iwo Jima de la literatura, toma conciencia del mundo que le rodea y, si bien su uso de las matemáticas aparece como un recurso anecdótico, más cercano al placer personal que al fin estético y expresivo del poema, sí que preconiza una poética madura desprendida de elementos explicativos y una línea más cercana a la introspección y al conocimiento propio.

Esta reseña ha sido publicada en la revista digital Oculta Lit por Iván Gonzalo Rodríguez.
Aquí os dejo el enlace 

Y quién es Iván Gonzalo Rodríguez



Un chico que a pesar de su juventud (Madrid 1991)  ya destaca por su poesia, por sus  críticas /reseñas de libros y por sus artículos de opinión.

Finalista en varios premios literarios, sus poemas aparecen en las antologias " 24 poetas tímidos",         "Madrid de verso y calle" y en las revistas literarias "La bolsa de pipas", "Pineal Magazine", "Canibalismos o Maremágnum". Colabora en publicaciones como "Oculta lit", "Licencia poética" de la editorial Arst Poética o "Ariadna R-C"




2 comentarios:

  1. Para sentirte orgullosa, es muy bonito lo que dice que no por ser cierto pierden importancia sus palabras. Un autor joven esperemos que haya mas, que no se apaguen los versos. Enhorabuena te lo mereces. Abrazos

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  2. Enhorabuena por la gran reseña que hace este joven escritor de tu poemario. Lo define muy bien.
    Un abrazo

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